Los 7 errores al emprender que me costaron mis empresas (Historia real)
Descubre los 7 errores al emprender un negocio que me costaron mi empresa. Aprende a evitar la falta de cash flow, elegir mal a tus socios y sobrevivir. Lee mi historia.
Cuando alguien piensa en una idea de negocio, asume como algo evidente que es la persona indicada para llevarla al éxito. ¿Quién tendría una visión mejor? Esto no siempre es verdad.
La ilusión del proyecto y el entusiasmo de visualizar la empresa ya funcionando distorsiona la realidad. Que es otra: «el emprendimiento está lleno de fricciones y decisiones incómodas.»
Uno de cada cinco negocios cierran el primer año. Solo el 42% siguen abiertos pasados cinco. Lo sé bien: fui parte de esa estadística. —fuente: US Bureau of Labor Statistics: Business Employment Dynamics—
Estos son 7 errores que me costaron una empresa:
- Entrar en un mercado desconocido.
- Enamorarme de la idea y no pivotar a tiempo.
- Creer que el producto importa más que el mercado.
- No definir roles entre los fundadores.
- Ignorar el flujo de caja.
- Aceptar inversión antes de tiempo.
- Elegir a los socios que no convienen.
Sirva este artículo de introducción. Simio Rico va, sobre todo, de: invertir, gastar y decidir con criterio en lugar de con ilusión. El emprendimiento fue una escuela cara. Lo que viene después es todo lo que aprendí.
#1 — Entrar en un mercado desconocido (sin estudiar el sector)
Que algo te guste no significa que entiendas el negocio que hay detrás. Y saber que algo es rentable no es suficiente. Una empresa es, sobre todo, gestión constante, y funciona solo si entiendes el modelo o tienes capital para sostenerte aprendiendo.
Hace años abrí una tienda de zapatos sin experiencia en el sector. Me autoengañé visualizándolo como algo que ya daba dinero. El producto era bueno, los clientes venían. Pero los gastos fijos y los proveedores acabaron conmigo.
«Si no entiendes el modelo, el dinero no es una ventaja: es tiempo que se agota.»
#2 — Enamorarse de la idea de negocio y no pivotar a tiempo
Mucha gente monta un negocio para mejorar su situación. Otros porque creen ciegamente que su idea puede cambiarles la vida. Ambas razones son válidas y peligrosas a partes iguales.
Monté una empresa de espectáculos antes de los treinta. Pivoté durante cuatro o cinco años, rebotando entre modelos y enfoques, a veces sin ningún sentido. Nada terminaba de funcionar. Debí parar mucho antes. Pero no lo hice porque estaba enamorado del proyecto.
«Esto se ve siempre en retrospectiva: si te cuesta soltarlo, probablemente ya deberías haberlo hecho.»
#3 — Olvidar que el mercado manda sobre el producto
El mercado manda. Siempre. Es un grupo de personas con una necesidad y dinero para resolverla. Parece simple. No lo es.
Cuando tienes una idea, es fácil pensar: «esto no se le ha ocurrido a nadie». Error. La pregunta útil no es «¿esto es nuevo?», sino «¿por qué nadie lo ha hecho antes con éxito?.» Cometí este error, conectando puntos en mi cabeza que no existían fuera.
«No te enamores de tu originalidad. Mejor dedica los esfuerzos a entender qué está dispuesta a comprar la gente.»
#4 — No definir roles y responsabilidades entre los fundadores
Cuando varias personas conectan con una idea, se crea una energía que lo atrapa todo. Con esa inercia queda sin definir lo importante: «quién decide en lo difícil, quién ejecuta, quién responde legalmente, a quién se le piden cuentas.»
Creé unas revistas digitales que funcionaron bien y acabé vendiendo. Fue un proyecto intenso y rentable, también lleno de tensiones por no haber trazado las líneas rojas a tiempo. Cuando las cosas iban bien, la falta de estructura no se notaba. Cuando empezaron a torcerse, todo explotó en mi cara.
«Firma un pacto de socios dejando las cosas claras desde el principio, o tendrás caos más adelante.»
#5 — Ignorar la importancia del Cash Flow y la liquidez
Sin liquidez no hay empresa. El Cash Flow es para un negocio lo que la sangre para el cuerpo. Puedes tener clientes fieles, producto increíble y demanda disparada, pero si el dinero no fluye con regularidad, estás acabado.
En la tienda de zapatos fallé aquí —es un error más común de lo que parece—. Asumí costes fijos altos, no pude reponer producto al ritmo de la demanda y acabé dependiendo de una financiación muy limitada. Resultado: asfixia por éxito.
No gana el negocio con la idea más brillante. Gana el que sabe gestionar su caja. «¡Bendito Cash Flow!»
#6 — Aceptar inversión externa demasiado pronto
Cuando algo funciona, aparece el interés. Llegan los clientes, te miran los competidores y llaman a la puerta los inversores. Entonces, aparece la trampa mental: «con más dinero, creceré más rápido.» No siempre.
Crecer antes de tiempo puede destruirte desde dentro. Mis revistas digitales crecían bien. Llegaron inversores muy pronto con capital y proyectos de expansión. Acepté. Y dejé de controlar la visión. Todo pasó a ser «monetizar rápido.» Los inversores no son el enemigo. Tienen tiempos distintos.
«En el momento indicado aceleran el crecimiento, de lo contrario aceleran los errores.»
#7 — Elegir socios que no convienen
Dejo el de más impacto para el final. Un socio es, en esencia, como una pareja. Compartes emociones, alegrías, decisiones críticas, presión e incertidumbre. En los momentos difíciles, la relación se pone a prueba al límite.
El criterio para elegir no debe ser quién aporta más dinero. El filtro real son los «valores compartidos.» Créeme, es mejor un socio que comparta tu escala de principios y valores, a otro que llegue en un Ferrari con la cartera llena.
He tenido socios brillantes y otros no tanto. No les culpo, cada cual atiende sus intereses. No siempre se detecta en las primeras reuniones, pero se acaba viendo con claridad.
«Un mal socio destruye tu empresa más rápido que un mal mercado.»
Conclusión: emprender es un juego de supervivencia
Montar un negocio exitoso no va (solo) de tener buenas ideas una tarde cualquiera. Va de evitar errores fatales que impidan aguantar lo suficiente para que el sistema funcione solo. Eso casi nunca ocurre al primer intento.
El fracaso cumple su rol en esto también: «te dice por dónde no debes ir la próxima vez.»
Un negocio es sobre todo supervivencia.
Gracias por leer.
—Sebastián


Mi escritorio y las oficinas donde las revistas digitales empezaban a crecer. 🚀
